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  • Homenaje a 60 años de la muerte de Ramón Carrillo

    Fecha - 21 / 12 / 2016
    Fue el primer ministro de Salud de la Argentina y el hombre más destacado del sanitarismo del país, durante su gestión se produjeron las principales obras y reformas en el sector salud.

     “Los médicos solo podrán defenderse cuando hagan lo que todo el mundo: Unirse en una Institución Gremial seria y sin tendencias políticas”, es una de las frases que acuñó el Dr. Ramón Carrillo, primer ministro de Salud de la Nación.


    Un 20 de diciembre de 1956 moría el sanitarista más importante de la historia argentina. A 70 años de su fallecimiento, desde la Federación Médica Gremial de la Capital Federal (Femeca) rendimos homenaje a este destacado sanitarista y recordamos su obra: “Con la reforma constitucional de 1949, la Secretaría de Salud Pública se transformó en el Ministerio de Salud Pública y Ramón Carrillo (1906-1956), en el primero que ocupó el cargo. Considerado el iniciador del sanitarismo argentino, Carrillo no solo realizó numerosas obras de infraestructura, sino que también desarrolló áreas en las que el Estado no había profundizado hasta entonces: la medicina preventiva, la medicina social y la atención materno-infantil. La política sanitaria de Carrillo estaba fundamentada en tres principios: todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la sanidad; no puede haber política sanitaria sin política social; de nada sirven las conquistas de la técnica médica si no pueden llegar al pueblo por medio de dispositivos adecuados. Durante su gestión se dieron transformaciones fundamentales. Casi toda la infraestructura de salud con la que el país cuenta hoy se debe a esa gestión”.



    En sólo ocho años, se construyeron 4229 establecimientos sanitarios en todo el país. Esto amplió la capacidad hospitalaria en 130.180 camas.


    La tasa de mortalidad infantil disminuyó claramente y la esperanza de vida al nacer aumentó de 61,7 años promedio a 66,5 en menos de una década. Se erradicó por completo el paludismo y enfermedades como sífilis y tuberculosis disminuyeron a niveles equiparables a países más desarrollados.